La luz del sol le arañó en los ojos. Entraba por las persianas, afilada como hojas de guadaña. Miró con gesto dolorido e incrédulo el despertador. ¡Las diez! No se lo podía creer, se frotó los ojos y se aseguró de que había visto bien.
La boda de su primo era dentro de dos horas ¡y era en Toulouse! Ya no llegaba, tenía que coger el avión a las diez y media y el despertador debería haber sonado a las nueve. No le daba tiempo a ducharse y vestirse en media hora. Pero era la boda de su primo ¡cómo iba a faltar! Se levantó rápidamente de la cama y se vistió. Cogió el coche y fue corriendo al aeropuerto. Eran las diez y veinticinco y el avión salía dentro de cinco minutos. Le dijeron que había un problema y que tenía que esperar media hora para despegar. ¡Media hora! ¡No tenía media hora! Pero no podía hacer nada asi que solo podía esperar. Pasó media hora y subió al avión, miraba el reloj una y otra vez y se decía a sí mismo "me da tiempo, me da tiempo" Miró de nuevo el reloj y eran las once y media. En un cuarto de hora tenía que estar en la boda y para eso tomaría un taxi, iría a la casa de su primo y desde allí a la iglesia. ¡Pero estaba en el avión! ¡Todavía estaba en el avión!
A, 30 de abril: Caballo de los sueños.
B, 7 de mayo: La noche del soldado.
A, 14 de mayo: La calle destruida.
B, 21 de mayo: Melancolía en las familias.
A, 28 de mayo: -Son cosas que pasan el día antes.
B, 7 de mayo: La noche del soldado.
A, 14 de mayo: La calle destruida.
B, 21 de mayo: Melancolía en las familias.
A, 28 de mayo: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.
B, 4 de junio: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.
martes, 10 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
no se me ocurre ninguno

La luz del sol le arañó en los ojos. Entraba por las persianas, afilada como hojas de guadaña. Miró con gesto dolorido e incrédulo el despertador. Se levantó, cerró la persiana y se volvió a dormir. Al fin y al cabo ¿qué tenía que perder? Ya llegaba tarde y no era la primera vez, si iba tenía que soportar la bronca de Celi “la jefa de estudios”. Además tenía un examen de lengua y no había estudiado nada. 5 horas más tarde se levantó y se fumó un porro. Era fumador habitual y sus padres lo sabían. Por no hablar de que era más que evidente, ya le habían expulsado 4 veces por fumar en medio de clase. Resulta que ese día decidió llamar a un amigo para preguntar si tenía tarea encomendada (deberes). Pero le contestó que el también había faltado porque no le apetecía ir. Así que el día siguiente fue al instituto pero tarde, y “la jefa” le echó la bronca, a si que después de aguantar la charla, se marchó a su casa en el recreo. Nada más entrar sus padres le estaban esperando en la puerta, vio que había una maleta, se la tiraron y le echaron de casa. Mientras estaba vagando por los alrededores, vio a un amigo suyo fumándose un porro, le pidió un porro, pero el amigo dijo que todavía le debía lo de "este mes", a si que le entregó la maleta, quedándose solo con su propia persona. Pasó la noche en la biblioteca, en la que no durmió meditando en su futuro. Al siguiente día decidió ir al instituto, pero recordó que ya llegaba tarde y que si llegaba otra vez tarde le expulsaban. Llegó a la conclusión de que tenía que empezar a ser mejor persona y dejar los porros. La mala noticia es que ya era demasiado tarde, ¿quién le iba a creer y a confiar en él?.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Un corazón roto
La luz del sol le arañó en los ojos. Entraba por las persianas, afilada como hojas de guadaña. Miró con gesto dolorido e incrédula el despertador. Ya eran las doce de la mañana de un sábado muy triste. La noche del viernes para ella había sido una de sus peores noches. Empezó a recordar lo que sucedió hace tres años. Ella se llamaba Alba, era una chica de dieciséis años, de pelo marrón claro y liso, los ojos muy bonitos azules y no era muy alta, vivía en Málaga. Alba conoció a un chico, se llamaba Luis. Él y ella se llevaban genial, eran muy buenos amigos. Hasta que un día ella se dio cuenta de que ya no le quería como un amigo sino como algo más. Ella se lo contó a su mejor amiga, Alicia. Alicia no se lo esperaba, pero como amiga suya le dio consejos. Alba no quería que aquel chico se enterara de lo que ella sentía. Él se fue a Valencia, que era donde vivía todo el año. Ella los primeros meses se acordaba mucho de él, pero poco a poco se le olvidó. Este verano a principios, Luis volvió a Málaga, hacía tres años que no iba. Alba iba con su amiga Alicia por la calle y le vio aparecer, Alba se puso muy nerviosa no sabía lo que hacer, se acercaron a él y lo saludaron, en ese momento Alba recordó todo lo que había sentido hace unos años por él. Fueron a buscar a los demás amigos para estar todos juntos. Era verano por lo tanto todos estaban de vacaciones, Luis se iba a quedar todo el verano en Málaga. Alba y él empezaron de nuevo a ser grandes amigos, hasta que llegó el día en el que él también sintió algo más por ella y se lo dijo. Para ella fue un día que nunca se le olvidará. A partir de ese momento empezaron a salir, les iba muy bien porque se querían muchísimo. Él se tuvo que ir a Valencia unos días pero volvería pronto a Málaga. Alba le esperaba con muchas ganas, contaba los días que quedaban para poderse ver. Y por fin llegó el gran día, era viernes por la tarde y Luis tenía que llegar, el iba a venir en autobús .Le vio bajar, al lado suyo había una chica. Al presentársela a sus amigos dijo que era su novia Sandra. Alba le miró y él apartó la mirada. Ella se fue corriendo a su casa y toda la noche estuvo llorando.
Ya se había pasado la noche y era sábado. Se acaba de despertar, le dolían los ojos de llorar y fue a mirar su móvil. Tenía veinte llamadas perdidas de Luis. Alba todavía no se lo podía creer lo que la había hecho. Quedó con Alicia y estuvieron hablando bastante tiempo. Justamente pasaron por allí Luis y Sandra, Alba no podía ver eso. Luis le dijo que quería hablar con ella, pero ella ni le miró. Él se lo volvió a decir, Alba le miró con ojos llorosos y se fueron a hablar a una calleja que había cerca de allí. Se sentaron en el suelo, ella ni le miraba, se quedaron un rato en silencio. Al rato empezó a hablar Luis y le dijo:
-Alba, eres la persona que más ha querido en esta vida, cada vez que te veo y me sonríe me gustas más. Yo, a Sandra también la quiero mucho, pero no como a ti. Sí, es verdad, te lo tenía que haber contado pero…ella tiene una enfermedad, desde pequeñitos somos amigos y ella me quiere, yo por ella haría cualquier cosa, por eso estoy con ella. Pero a la que realmente quiero desde hace tres años es a ti.
Alba se quedo mirándole sin palabras, no se dijeron nada, solo se abrazaron.
Ya se había pasado la noche y era sábado. Se acaba de despertar, le dolían los ojos de llorar y fue a mirar su móvil. Tenía veinte llamadas perdidas de Luis. Alba todavía no se lo podía creer lo que la había hecho. Quedó con Alicia y estuvieron hablando bastante tiempo. Justamente pasaron por allí Luis y Sandra, Alba no podía ver eso. Luis le dijo que quería hablar con ella, pero ella ni le miró. Él se lo volvió a decir, Alba le miró con ojos llorosos y se fueron a hablar a una calleja que había cerca de allí. Se sentaron en el suelo, ella ni le miraba, se quedaron un rato en silencio. Al rato empezó a hablar Luis y le dijo:
-Alba, eres la persona que más ha querido en esta vida, cada vez que te veo y me sonríe me gustas más. Yo, a Sandra también la quiero mucho, pero no como a ti. Sí, es verdad, te lo tenía que haber contado pero…ella tiene una enfermedad, desde pequeñitos somos amigos y ella me quiere, yo por ella haría cualquier cosa, por eso estoy con ella. Pero a la que realmente quiero desde hace tres años es a ti.
Alba se quedo mirándole sin palabras, no se dijeron nada, solo se abrazaron.
martes, 3 de noviembre de 2009
AQUEL DÍA

El Sol se había escondido entre aquellos picos nevados que se veían al fondo.Sentía la húmeda tierra bajo mis viejos tejanos y los pequeños guijarros clavándose en mi espalda. Los búhos cantaban chirriantes notas y las copas de los árboles danzaban al compás. Aquello era un mar de oscuridad. De vez en cuando se podía escuchar el crujir de las hojas al paso de las lagartijas. Mi corazón se paraba por momentos. Había momentos en los que un espantoso olor me envolvía y al cabo de unos instantes desaparecía como si nunca hubiese existido, como si todo fuese fruto de mi imaginación. No sabía dónde estaba. Miré a mi izquierda y derecha pero aquello resultó en vano.Tan solo vi mi macuto de piel. Intenté extender mi brazo pero un tremendo pinchazo me recorrió el tronco. Al instante un impulso de mi mente me obligó a ponerme en pie pero aquello no sirvió de nada. Mis piernas no respondían, o iban en desacorde con mis pensamientos. Ese no podía ser mi cuerpo, debía pertenecer a otra alma cándida. La verdad es que en ningún momento me pregunté qué desgracia me podía haber ocurrido y qué iba a ser de mí. Las hojas caducas de los árboles caían sobre mi tez y las hormigas me escalaban como si fuese un nuevo mundo que descubrir para ellas. Parecía que todo aquello me fuese a enterrar pero cuando menos lo esperaba un flujo de viento me hacía surgir entre todo aquello. Quizás no volviese a probar una sola exquisita rosquilla con azúcar de mi abuela, o jamás volvería a escuchar aquellas frecuentes palabras de mi madre "mira que te lo tengo dicho, apaga la luz de tu habitación, o quizás no me emocionaría una vez más al bailar un adagio o El Quixote o quizás ... , quién sabe cuantas cosas que nunca las valoré lo suficiente dejarían un hueco en mi alma. Aquellos armoniosos sonidos fueron desapareciendo, ya no sentía nada, el terrible olor desapareció poco a poco y cada vez veía menos. Ya nada tenía sentido, ese era mi destino, morir en la amargura de no saber el porqué.
EL MEJOR DÍA DEL CURSO

Era viernes, el mejor día de todo el curso. Terminábamos las clases ,comenzaban las vacaciones e íbamos de excursión al Parque de Atracciones de Madrid.
Me levanté a las siete de la mañana,con muchas ganas de ir. A las ocho y media llegué a la estación de autobuses. Allí me esperaban todas mis amigas, solo faltaba Celia (ella es del Arenal y el autobús se retrasó).
A las nueve menos cuarto emprendimos el viaje, estuvimos una hora y media en el autobús. Todas estábamos deseando llegar, desde primero no habíamos vuelto.
Al llegar pasamos por las taquillas para que nos diesen las pulseras, y así montar en las atracciones.
La primera que probamos fue “las canoas”(no se su nombre exacto),fue bastante divertida pero la verdad, era demasiado insegura, solo tenía unas pequeñas barras a los lados para agarrarte, estas se escurrían de las manos al igual que una pastilla de jabón cuando te lavas las manos. Después de montar dos veces en ésta fuimos Celia y yo a “los rápidos”, hicimos cola durante una hora pero mereció la pena pues fue muy divertido,¡todas las olas se rompían cuando pasabamos nosotras y nos empapaban!,pero venía muy bien porque hacía muchísimo calor.
A la 1:00 de la tarde nos encontramos de nuevo con Silvia y Sadia, ellas estuvieron montando en la torre de caída libre, ¡fue muy espeluznante!-decían
A las dos de la tarde se cerraban alguna de las atracciones por ese motivo aprovechamos para ir a comer, comimos en un restaurante cercano a los fiordos, de comida rápida.
Quisimos ir a la visita de la jungla pero cuando nos quisimos dar cuenta Silvia y Sadia se habían ido, lo malo fue que se llevaron todos los teléfonos.
Las buscamos en los mini-helicópteros que sobrevolaban el parque, pero aún así no las encontramos.
Decidimos ir (Celia y yo) a montarnos en otras atracciones que había cerca, montamos en la noria, el tiovivo…¡Fue muy divertido!.
En unas canoas que iban por un lago mostrando muñecos de diferentes países nos encontramos a Sadia y Silvia.
Querían ir a la casa del terror pero nosotras no queríamos, quedamos con ellas en la puerta de la tienda de paraguas situada en la zona central, para que cuando terminasen viniesen con nosotras porque los profesores no querían que fuésemos menos de tres personas juntas.
Pasaron varias horas pero era imposible encontrarlas.¿dónde se metieron?¿y si nos ven los profesores?¿qué será de nosotras?.
A las 8 de la tarde volvimos a la zona donde se encontraban las casetas de las taquillas, allí se encontraban los profesores.
Ya estábamos todos excepto cuatro personas, entre ellas Sadia y Silvia. Mira que se lo tenemos dicho no os separéis y volved nada más acabar de montar en la casa del terror.
Después de media hora esperándolos llegaron con una sonrisa en la cara y un algodón de azúcar en la mano.
Me levanté a las siete de la mañana,con muchas ganas de ir. A las ocho y media llegué a la estación de autobuses. Allí me esperaban todas mis amigas, solo faltaba Celia (ella es del Arenal y el autobús se retrasó).
A las nueve menos cuarto emprendimos el viaje, estuvimos una hora y media en el autobús. Todas estábamos deseando llegar, desde primero no habíamos vuelto.
Al llegar pasamos por las taquillas para que nos diesen las pulseras, y así montar en las atracciones.
La primera que probamos fue “las canoas”(no se su nombre exacto),fue bastante divertida pero la verdad, era demasiado insegura, solo tenía unas pequeñas barras a los lados para agarrarte, estas se escurrían de las manos al igual que una pastilla de jabón cuando te lavas las manos. Después de montar dos veces en ésta fuimos Celia y yo a “los rápidos”, hicimos cola durante una hora pero mereció la pena pues fue muy divertido,¡todas las olas se rompían cuando pasabamos nosotras y nos empapaban!,pero venía muy bien porque hacía muchísimo calor.
A la 1:00 de la tarde nos encontramos de nuevo con Silvia y Sadia, ellas estuvieron montando en la torre de caída libre, ¡fue muy espeluznante!-decían
A las dos de la tarde se cerraban alguna de las atracciones por ese motivo aprovechamos para ir a comer, comimos en un restaurante cercano a los fiordos, de comida rápida.
Quisimos ir a la visita de la jungla pero cuando nos quisimos dar cuenta Silvia y Sadia se habían ido, lo malo fue que se llevaron todos los teléfonos.
Las buscamos en los mini-helicópteros que sobrevolaban el parque, pero aún así no las encontramos.
Decidimos ir (Celia y yo) a montarnos en otras atracciones que había cerca, montamos en la noria, el tiovivo…¡Fue muy divertido!.
En unas canoas que iban por un lago mostrando muñecos de diferentes países nos encontramos a Sadia y Silvia.
Querían ir a la casa del terror pero nosotras no queríamos, quedamos con ellas en la puerta de la tienda de paraguas situada en la zona central, para que cuando terminasen viniesen con nosotras porque los profesores no querían que fuésemos menos de tres personas juntas.
Pasaron varias horas pero era imposible encontrarlas.¿dónde se metieron?¿y si nos ven los profesores?¿qué será de nosotras?.
A las 8 de la tarde volvimos a la zona donde se encontraban las casetas de las taquillas, allí se encontraban los profesores.
Ya estábamos todos excepto cuatro personas, entre ellas Sadia y Silvia. Mira que se lo tenemos dicho no os separéis y volved nada más acabar de montar en la casa del terror.
Después de media hora esperándolos llegaron con una sonrisa en la cara y un algodón de azúcar en la mano.
domingo, 1 de noviembre de 2009
El desengaño
No sabría explicar cómo, pero yo lo notaba. Algo extraño le ocurría; ya no me trataba igual que antes, ya no se preocupaba tanto por mí, apenas me llamaba. Quedábamos en puntuales ocasiones y siempre porque yo se lo pedía, pero cuando lo hacíamos le notaba frío y distante. Sus cálidos abrazos, sus suaves caricias, sus apasionados besos… todo ello parecía haberse esfumado. Recuerdo el primer día que advertí su distanciamiento: estábamos en el parque, sentados en el banco que hay junto a la fuente; él apenas me miraba, fingía distraerse con las palomas que revoloteaban a nuestro alrededor, se quedaba callado, movía sus pies sobre la arena formando dibujos que luego borraba. Yo notaba que algo no iba bien; le cogí la mano con delicadeza pero él la retiró disimuladamente. Se me aceleró el corazón. Pasaron unos minutos hasta que me sentí capaz de preguntar:
-Alex, ¿qué te pasa? Venga, anda dímelo, sabes que puedes contar conmigo.
-¿Es que acaso debería pasarme algo?- me respondió en un tono frío y cortante.
Me sentía incómoda, era una situación un tanto violenta y decidí regresar a casa. Nos despedimos con un beso poco cariñoso. Nada más llegar cogí el teléfono y me encerré en mi habitación. Marqué nerviosa el número de teléfono de mi mejor amiga.
-¿Sí?
-Hoo…hola Marta soy yo, Lucía- saludé entrecortadamente.
-¡Lucía! ¿Estás bien?- advirtió mi tono de voz.
Le conté cómo me sentía y lo mal que lo había pasado en el parque.
-Mira que te lo tengo dicho, ese chico es muy rarito… yo que tú le dejaba- me aconsejó.
¿Dejarle? ¿Cómo iba a dejarle si era la persona que más quería? La verdad es que Marta y Alex nunca se han llevado demasiado bien, por eso no me extrañó que Marta dijera en serio aquel disparate. Me fastidiaba que, por una vez y dejando al margen sus diferencias con Alex, no pudiera darme una opinión de forma objetiva.
A partir de ese día todo empezó a empeorar; cada vez quedábamos menos y, a veces, hasta me ignoraba en el instituto. Empecé a valorar la idea, que en un principio me había parecido absurda, de acabar con nuestra relación, pero me gustaba demasiado como para dejarlo. Intentaba excusarle pensando que quizá tendría problemas familiares, o con los amigos… y todo porque no quería darme cuenta de la única y verdadera razón: él pasaba de mí, pero no tenía el suficiente valor para decírmelo. Mantuvimos esta situación hasta que un día se me abrieron los ojos:
Estaban allí sentados, mirándose fijamente a los ojos, él le acariciaba dulcemente la mano. Ella tonteaba con su pelo; se cogía un mechón y empezaba a darle vueltas, le sonreía de un modo estúpido y ridículo. Mi corazón empezó a latir velozmente y sentí un pinchazo en el pecho. Empezaron a temblarme las piernas. Me sentía engañada y traicionada.
-¿Por qué?- me preguntaba- ¿Por qué tenía que acabar todo de aquella manera tan humillante?
Me arrepentí de no haberle hecho caso a mi amiga, tendría que haberle dejado hacía tiempo. Debía haber supuesto que él pasaba totalmente de mí. Me di cuenta de que ya no tenía remedio, que nuestra relación había acabado para siempre.
-Alex, ¿qué te pasa? Venga, anda dímelo, sabes que puedes contar conmigo.
-¿Es que acaso debería pasarme algo?- me respondió en un tono frío y cortante.
Me sentía incómoda, era una situación un tanto violenta y decidí regresar a casa. Nos despedimos con un beso poco cariñoso. Nada más llegar cogí el teléfono y me encerré en mi habitación. Marqué nerviosa el número de teléfono de mi mejor amiga.
-¿Sí?
-Hoo…hola Marta soy yo, Lucía- saludé entrecortadamente.
-¡Lucía! ¿Estás bien?- advirtió mi tono de voz.
Le conté cómo me sentía y lo mal que lo había pasado en el parque.
-Mira que te lo tengo dicho, ese chico es muy rarito… yo que tú le dejaba- me aconsejó.
¿Dejarle? ¿Cómo iba a dejarle si era la persona que más quería? La verdad es que Marta y Alex nunca se han llevado demasiado bien, por eso no me extrañó que Marta dijera en serio aquel disparate. Me fastidiaba que, por una vez y dejando al margen sus diferencias con Alex, no pudiera darme una opinión de forma objetiva.
A partir de ese día todo empezó a empeorar; cada vez quedábamos menos y, a veces, hasta me ignoraba en el instituto. Empecé a valorar la idea, que en un principio me había parecido absurda, de acabar con nuestra relación, pero me gustaba demasiado como para dejarlo. Intentaba excusarle pensando que quizá tendría problemas familiares, o con los amigos… y todo porque no quería darme cuenta de la única y verdadera razón: él pasaba de mí, pero no tenía el suficiente valor para decírmelo. Mantuvimos esta situación hasta que un día se me abrieron los ojos:
Estaban allí sentados, mirándose fijamente a los ojos, él le acariciaba dulcemente la mano. Ella tonteaba con su pelo; se cogía un mechón y empezaba a darle vueltas, le sonreía de un modo estúpido y ridículo. Mi corazón empezó a latir velozmente y sentí un pinchazo en el pecho. Empezaron a temblarme las piernas. Me sentía engañada y traicionada.
-¿Por qué?- me preguntaba- ¿Por qué tenía que acabar todo de aquella manera tan humillante?
Me arrepentí de no haberle hecho caso a mi amiga, tendría que haberle dejado hacía tiempo. Debía haber supuesto que él pasaba totalmente de mí. Me di cuenta de que ya no tenía remedio, que nuestra relación había acabado para siempre.
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