A, 30 de abril: Caballo de los sueños.
B, 7 de mayo: La noche del soldado.
A, 14 de mayo: La calle destruida.
B, 21 de mayo:
Melancolía en las familias.
A, 28 de mayo: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.
B, 4 de junio: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Motor Show&Festival 2009


Abrí los ojos y pude ver la luz que conseguía atravesar las persianas. Ese día era muy especial, ya que en unas horas tomaría un autobús desde Arenas con destino a Madrid. Eran las dos menos cuarto y no tenía apenas hambre, pero tenía que comer algo. Mi autobús salía en media hora, era la hora de cargar las maletas en el coche, bueno la maleta porque solo me iba el fin de semana. Ya en Arenas, saque el billete, me despedí, y me subí al autobús. Unos minutos más tarde, el autobús se puso en marcha y lentamente nos alejábamos. Yo, como en cualquier viaje me quedé dormido. Me despertó el ruido de muchos motores, ¡ya estaba allí!. Una vez en la estación me recogió Luis, mi primo. Llegamos a casa y preparamos todo lo necesario para el día siguiente.
A la mañana siguiente tuvimos que madrugar un poco, desayunamos y salimos con muchos nervios de casa. Nos subimos al coche, salimos del garaje y nos dirigíamos a Arganda del Rey, para asistir al salón internacional de la personalización, accesorios, car audio y multimedia, concretando, al motor show & Festival 2009. Nos costó llegar al recinto ferial de Arganda, porque no conocíamos muy bién esa zona.
Una vez en las puertas, tuvimos que esperar diez largos y eternos minutos antes de que abrieran las puertas, y por fin, ya estamos dentro, en media hora empezaría la exibición de las "Fuel girls" un grupo de chicas que se dedican al mundillo de Tuning. Su trabajo consiste en exhibir un coche, lavándole, sacándole brillo… os podéis imaginar. Las "Fuel girls" consiguieron un aumento de la tempura en el público. Estuvo muy bien, exhibieron un lujoso Toyota Celica, cuyo rasgo más característico eran las descomunales llantas cromadas de 22”. Nos quedaba un poco de tiempo antes del siguiente espectáculo, y lo aprovechamos viendo los diferentes coches de la exposición. El que más me llamó la atención fue un Mitsubishi evo VIII preparado por "japan tuning", una empresa dedicada a exhibir los coches preparados con su caracteristico estilo "import". No nos daba tiempo a llegar a la exibición de break del grupo "Show Breaking Custom Noise", pero conseguimos llegar, fue algo alucinante.
Pero el momento, lo que estaba deseando era la exhibición de "drift" y del "freestyle".
Fue increíble ver como los motores rugían descomunalmente y como Andy con su Audi r8 quemaba los neumáticos a derrapes. ¡seguro que lo repetiré al año que viene!

domingo, 22 de noviembre de 2009

Grandes amigos

El tiempo fue transcurriendo, los días pasaban y él no llegaba. Isabel esperaba a Cristian, su mejor amigo. Isabel era una chica de veintitrés años, morena, de pelo liso y corto; Cristian era su amigo desde que tenía memoria, era fuerte, moreno y con los ojos verdes. Hacía mucho tiempo que no se veían, unos dos años. Para ellos fue muy difícil separarse porque habían estado juntos siempre, pero el trabajo les separó. Isabel trabajaba en una clínica para curar a los perros enfermos de la calle y Cristian era profesor de educación física. Isabel hacía unos días se había acordado de él y tenía ganas de verle…así que le llamó. Estuvieron hablando varias horas y al final quedaron en verse el día veintitrés de noviembre, en un parque a las cinco de la tarde. Isabel fue ese día, también el siguiente, pero él no aparecía. Ella le llamó, él no cogía el teléfono. Isabel no sabía lo que le podía haber pasado… estaba un poco preocupada porque sabía que Cristian nunca faltaba a una cita. Él la había dado la dirección de su casa, ella fue y allí no contestaba nadie, pero la puerta estaba abierta. Ella entró y unos hombres la cogieron, pusieron sus grandes guantes negros en su boca, Isabel empezó a gritar y a dar patadas. La metieron en el sótano de la casa, donde también se encontraba Cristian. Estaba muy asustada y se puso a llorar, Cristian la dijo que no les iba a pasar nada y la tranquilizó. No sabían cómo salir, Isabel no entendía nada, le pidió una explicación a Cristian pero él no decía nada, solo agachaba su cabeza. Isabel empezó a dar patadas a las cosas y a las puertas y ventanas pero nada, gritó y gritó hasta que la dolió la garganta, ninguno de los dos tenía móvil. Llevaban ya encerrados juntos cinco días, menos mal que en el sótano había muchas botellas de agua de cinco litros y botes de conserva. Ellos ya empezaban a preocuparse de verdad porque llevaban muchos días encerrados. Isabel sobre todo estaba desesperada. Ella le exigió que le contara que pasaba. Cristian quiso ser sincero con ella, se lo conto todo. Cuando ellos dos se separaron por el trabajo para Cristian fue un paso muy duro y cayó en el mundo de la droga. Ahora está muy enganchado y debe mucho dinero por eso le han encerrado para asustarle y que se diera cuenta de lo que le podía pasar si no pagaba. Isabel se quedó boquiabierta no se lo podía creer, empezó a llorar. Los dos se abrazaron llorando. Todas las mañanas Isabel iba a la puerta por si estaba abierta y llego el día en el que se abrió. Cristian estaba desganado no tenía ganas de vivir… pero ella le cogió del brazo y empezaron a correr y correr. Se fueron a su casa. Isabel le iba a ayudar en todo, él tuvo que dejar su trabajo durante unos meses. Isabel con el dinero que tenía ahorrado pagó la deuda de Cristian. Después de unos meses, Cristian se curó, pudo volver al trabajo y devolver a Isabel el dinero. Isabel estaba muy feliz porque había conseguido que tuviera ganas de vivir, le había sacado de la muerte. Él no sabía cómo se lo iba a agradecer. Desde aquel día Isabel y Cristian nunca dejaron de ser amigos ni un solo segundo.

INSUPERABLE DÍA


La luz del sol le arañó en los ojos. Entraba por las persianas, afilada como hojas de guadaña. Miró con gesto dolorido e incrédulo el despertador.La espera se le hizo interminable pero por fin volvería a ver a su hijo. El avión acababa de despegar de París y en unas cuantas horas aterrizaría en Washington.Se levantó de su vieja cama y llamó a su mujer. No tardaron más de una hora en arreglarse y ponerse rumbo al aeropuerto.
Por el camino fueron hablando de todo lo que harían cuando su hijo llegase.Al fin volverían a revivir aquellos simples pero significativos momentos que tan felices les hacían.
El viaje fue agotador. Tardaron un par de horas en llegar al aeropuerto y cuando creían que por fin habían llegado, pudieron ver que la entrada estaba colapsada de coches y taxis. Al cabo de unos minutos consiguieron aparcar el coche en frente de la entrada. La mujer bajó del coche en un santiamén, cogió su gran bolso y ordenó al pobre marido que se diese prisa.
Los dos fueron rápidamente a la entrada del aeropuerto y enseguida un acúmulo de personas les rodearon. Al fin llegaron a la sala de espera. Había un enorme cristal que permitía ver cómo marchaban y llegaban los aviones. En frente había una hilera de las típicas sillas incómodas de los aeropuertos y a la izquierda una máquina dispensadora de sandwiches y comida precocinada.
Tan sólo faltaban unos minutos para que el avión aterrizase y su hijo atravesase aquella puerta del fondo que si pudiese ser posible, se hubiera desgastado de tantas miradas inquietas e impacientes que había recivido.
El micrófono se abrió y una amable voz dijo: "el vuelo 417 Spanair con origen en París aterrizará en unos segundos". Al oír aquello el corazón se les aceleró, la carne se les puso de gallina y sus manos empezaron a temblar. Ese era el vuelo que tanto deseaban que llegase.
Vieron un puntito en el cielo, luego se convirtió en una mancha y mas tarde se podía apreciar que era un avión. Era aquel. Ahí estaba, por fin llegó aquel momento tan deseado.
Las ruedas estaban a unos centímetros del suelo, estaba a punto de aterrizar cuando un ala se partió en dos. El avión perdió el equilibrio y volcó. Derrapó unos cuarenta metros y terminó incendiándose.
Aquello no podía estar ocurriendo, no podía ser verdad, debía ser una mala pasada de su mente -pensó el padre, pero la amable voz volvió a hablar, " el vuelo 417 de Spanair con origen en París ha tenido un accidente, por favor, guarden la calma". Todo era cierto, ya no había marcha atrás. Sus mayores miedos se habían hecho realidad.
Ya han pasado dos años y lo único que recuerdan es el aeropuerto en el mayor silencio posible,silencio ensordecedor,un ir y venir de ambulancias y ágiles bomberos, las cegadoras luces de los coches de policías , a personas intentando que entrase en razón pero sin conseguir nada y lo peor, la amable voz diciendo "lo sentimos mucho pero, no ha habido supervivientes".

sábado, 21 de noviembre de 2009

La espera

Me llamo Milagros y tengo una hija, Ester. Tiene dos niños; por lo menos la última vez que hablé con ella. No sé deciros cómo es físicamente ahora, pero la última vez que la vi, era pelirroja con el pelo corto y liso. Hace seis años que no la veo y solo he hablado por teléfono con ella dos veces, una fue hace justo un año, por mi cumpleaños, y otra ha sido hoy, el día en el que cumplo ochenta y nueve. Me ha llamado para felicitarme y para decirme que hace un mes tuvo una niña, Celia. También me ha dicho, igual que hace un año, que va a venir a verme. " Esta tarde estamos allí". Esa frase, hoy, ya no me hacía ilusión. El año pasado me dijo que venían a comer, estuve preparando comida para los cuatro, limpié toda la casa, busqué tres camas más con la ayuda de todas las vecinas, compré sábanas, colchones... y regalos para los niños, pero no vino nadie. Hoy estaba segura de que pasaría lo mismo y pregunté a mi hija que si de verdad iba a venir hoy y que por qué no vino el año pasado. Ella me dijo que el año pasado no pudo venir porque tenía mucho trabajo pero que hoy sí que venía seguro. Yo no estaba muy convencida de que fuera verdad, pero tenía tantas ganas de ver a mi hija y a mis nietos que me lo creí. Me convencí a mi misma de que hoy sí que iban a venir, hoy sí. Hice la comida con todo mi esfuerzo aunque no estaba muy segura de que estuviera rica porque ya no me acordaba muy bien de qué cosas había que echar y mis temblorosas manos tampoco ayudaban mucho. Bajé del desván, con la ayuda de mis vecinos, las tres camas y una cuna que era de Ester. Limpié la casa y compré regalos para los niños, esta vez tres. Me senté en el sillón con una sonrisa de oreja a oreja y muy nerviosa pensando en que iba a ver a mis nietos por primera vez y a mi hija después de seis años. Estaba anocheciendo, una parte de mí sabía que ya no vendrían pero la otra pensaba que a lo mejor Ester había salido tarde del trabajo, o había atasco en la carretera, o los niños se mareaban y tenían que parar... Pasaron varias horas más y Ester no llegaba, me asomé por la ventana a ver si veía algún coche pero nada, mi hija no venía. Yo tenía la esperanza de que viniera, asi que no me fui a la cama. ¡Quería ver a mi hija! No quería esperar un año más a que llamara para felicitarme y para decirme que iba a venir. Yo quería que viniera hoy, porque tenía muchas ganas de verla y porque no sabía si dentro de un año seguiría aqui... Me volví a sentar en el sillón mirando a la puerta, esperando que alguien diera un golpecito. Mientras, el tiempo pasaba...pasaba...

Un día especial

Era un día de verano que amanecía con un espléndido sol veraniego. Me levanté de la cama y me vestí. Recuerdo que ese día me puse una camiseta amarilla y unos pantalones de chándal azules,también las deportivas y bajé a desayunar. Me tomé un vaso de leche con colacao y una tostada con mermelada de frambuesa. Subí las escaleras para coger el ordenador y me fui a casa de Nacho, mi vecino. Nos pusimos a jugar a un juego online entre los dos y se nos pasó la mañana como si fuera un segundo. Cuando salimos, nos dio el sol en la cara y nos deslumbró. De repente, vemos que Álvaro, Taum y David, iban a empezar a jugar a un juego de mesa, el Risk.
Ese juego nos encanta a todos y pensemos en unirnos al juego, pero íbamos con la idea de irnos a la piscina a darnos un chapuzón.
Nacho fue a la piscina y yo me quedé con ellos a jugar. Elegí el color negro. Ese color, siempre en ese juego me ha dado suerte y así fue. Tiramos los dados para ver quien empezaba y yo saqué el número mas alto, un seis. Comencé a poner mis refuerzos en mis territorios, unos por Alaska, otros por América Central y otros tantos por Groenlandia. A lo tonto y a lo bobo me hice con toda América del Norte y con eso me hice dueño del mundo, lástima que solo fuera un juego.
Después de jugar, nos fuimos todos a la piscina donde jugamos un partida de póquer y una guerra con pistola de bolas y globos.
Eran ya las 3:30 y todavía no había comido, pero tampoco tenía hambre.
Al final me llamó mi madre para que comiera algo.
Fui y vine. Me dijo algo y yo la hice caso, me comí un filete que me tenía preparado y me fui a la piscina. Todavía estaba Nacho y Taum que suelen comer pasadas las 4:00.
Nos tumbamos todos en nuestras toallas y nos dormimos.
Cuando nos levantamos ya eran las 5:30 y nos preparamos para salir un poco por el pueblo.
Eran las fiestas y nos fuimos con la peña a dar una vuelta.
Volvimos a casa a las 9:00 y cenamos, nos preparamos para salir y nos fuimos en el coche de San Fernando al pueblo.
Nos estaban esperando los de la peña en el local. Estaban escuchando música y viendo la televisión.
Cuando llegó Emilio, a los 15 minutos, salimos a dar una vuelta hasta que empezase el toro de fuego.
Cuando empezó, yo me fui a la calle de la heladería y los demás se fueron más o menos a la altura de el BBVA.
Terminó el toro y fuimos a la feria. Nos montamos en los coches de choque y en el pulpo. Seguidamente nos fuimos a dar otra vuelta para hacer tiempo hasta que empezase el 2º toro de fuego. En fin que ese día llegué a casa más o menos a las 5:00 , por que también fuimos a el Apagón y el tercer toro de fuego.

Ese día fue inolvidable.

viernes, 20 de noviembre de 2009

UN DÍA DE MALA SUERTE

La luz del sol me arañó en los ojos. Entraba por las persianas, afilada como hojas de guadaña. Miré con gesto dolorido e incrédulo el despertador. No me atreví a mirar más allá de la persiana, me levanté rápidamente, ¿cómo es posible que halla tantísima luz a las 8 de la mañana?-me pregunté. Cogí las zapatillas con cuidado para no molestar a mis hermanos pequeños que hasta las 9 no se despiertan para ir a la escuela y salí cuidadosamente de mi habitación.
Todo estaba muy silencioso, las persianas subidas hasta arriba, y las puestas abiertas de par en par, pero ¿dónde estaban mis hermanos?, ¿y mis padres?, fui a la cocina y vi que las agujas de reloj marcaban las 9.30. Fui sofocadamente hacia mi habitación, me vestí lo más rápido posible y me peiné por las escaleras. Cómo me había sonado el despertador tan tarde si todos los días suena a las 7:29:30.
Como tenia muy claro el autobús ya no estaba, para ser más exactos salió de la parada a las 8:10, tuve que ir andando hasta el instituto que se encontraba a 2 Km. de mi casa pues vivo en uno piso alejado de la ciudad.
Solo llevaba 2 minutos andando y estaba agotado para colmo empezó a chispear, y a los dos minutos a llover a cantaros, y como hoy no es mi día de suerte se me olvidó coger el paraguas.
A las 10:10 llegué a la puerta del instituto, empapado, me podían escurrir, al entrar me encontré con una compañera que había salido de clase para hacer unas fotocopias y me dijo que no se me ocurriera aparecer hoy por clase porque el profesor estaba muy enfadado por haber faltado a clase en las fechas de sus dos exámenes.
Decidí ir a la biblioteca mientras pasaba esta clase pero estaba cerrada por reparaciones, no era mi día.
Terminé escondiéndome en una clase, allí no corría el riesgo de que ningún profesor me viese y me enviase a clase.
Estaba tranquilo leyendo una revista cuando entró alguien, me quedé pegado a la pared si hacer ningún tipo de movimiento pero una estantería que había a la derecha se cayó y el profesor se enteró. Me mandó al despacho del director y después de la charla con él terminé en mi clase donde me esperaba otra charla. Mis padres se enteraron y ya fueron 3 charlas. Desde luego no fue mi día, y no creo que lo sea durante unos añitos pues mi hermano el pequeñín me empujó contra un cristal y le rompí ¿qué más puede pasar ahora?

sábado, 14 de noviembre de 2009

De resaca

La luz del Sol le arañó en los ojos. Entraba por las persianas, afilada como hojas de guadaña. Miró con gesto dolorido e incrédulo el despertador. Retiró las sábanas y, haciendo un gran esfuerzo, logró levantarse. La cabeza le estallaba de dolor. Sintió un fuerte pinchazo en la rodilla derecha. Se remangó el pijama y vio que tenía un gran moratón. No sabía cómo se lo había hecho, en realidad no se acordaba de nada, ni siquiera de cómo había llegado el día anterior a casa. Se vistió aun medio dormido, y se lavó con agua fría la cara antes de tomarse un café. Luego, un poco más despierto, se fue al instituto como de costumbre.
-Riiiiiiing-Llegó justo cuando sonaba el timbre.
-Menos mal-Pensó- porque después de lo del otro día no creo que la Charo me dejase entrar tarde.
En realidad perderse una clase no le importaba demasiado , lo que verdaderamente no quería era tener que enseñarles otra comunicación a sus padres de parte de un profesor; con la semana anterior ya habían tenido bastante.
Cuando Albert entró en clase todos le miraban de un modo extraño, pensó que sería porque debía tener muy mala cara a causa del sueño. Se sentó en su sitio y sacó los libros. Nunca lo habría reconocido pero estaba deseando que llegase " la Charo" para dejar de sentirse observado.
-Venga, chicos..., vamos separando las mesas-había entrado "la Charo".
-¡Mierda...!-pensó Albert-¡examen!, ¿cómo he podido olvidarlo?
En realidad, ésta vez era verdad, no se había acordado de estudiar para el examen de química.
La profesora repartió rápidamente los exámenes.
-Voy a estar especialmente pendiente de ti- le dijo a Albert antes de entregarle el suyo-. Espero no pillarte de nuevo copiando, o si no, lamentándolo mucho, tendré que suspenderte el curso.
Albert asintió. Luego le echó una ojeada al examen; la desesperación se apoderó de él. Sabía que tenía que aprobar ese examen, era el último del curso y sus notas anteriores dejaban mucho que desear.
Intentó tranquilizarse y volvió a leer el primer ejercicio:
Nombra los siguientes compuestos:
HClO4/ H3PO4/ (NH4)2CO3/ Au(BrO2)3/ NaH2PO3/ MgSO3.
Por una vez lamentó no haber atendido a las explicaciones de "la Charo"; no tenía ni la más mínima idea de como se nombraban aquellas letras combinadas con números. Leyó el segundo ejercicio, después el tercero y el cuarto. A medida que iba ojeando el resto de los ejercicios , se iban desvaneciendo sus esperanzas de aprobar, hasta que, al fin, lo dejó por imposible. Esta vez estaba decepcionado de verdad. Se había propuesto estudiar para este examen y aprobar la asignatura sin necesidad de volver en septiembre. Ya no tenía ganas ni de intenatar copiar, y menos después de la advertencia de la profesora. Decidió entregarle el examen en blanco. Su dolor de cabeza había incrementado. Salió al patio y se sentó en el banco que hay junto al porche.
-Riiiiiiiiiing-sonó de nuevo el timbre. Le tocaba gimnasia, se sintió repentinamente aliviado. Era su clase favorita, además de dibujo.
Cuando llegó al polideportivo volvió a sentir que los ojos de sus compañeros se clavaban de nuevo en él.
Félix, el profesor, había colocado colchonetas en el suelo.
-¡Chicos, vamos calentando!
Al comenzar a correr, Albert empezó a sentir molestias en su rodilla.
-¡Venga, cada uno a una colchoneta!-gritó Félix-Quiero que me hagáis 30 flexiones como mínimo, quién se pare antes, tendrá suspenso el trimestre, tenéis que demostrarme que el entrenamiento de todo un curso os ha servido para algo.
-Piiiii...-el pitido del silbato indicaba el comienzo de las flexiones.
-Una...dos...tres...¡Vamos, chicos, bajad más! Cuatro...cinco...
Sólo llevaban cinco flexiones y Albert ya estaba agotado, empezó a ponerse rojo a causa del esfuerzo. No podía más, su rodilla le estaba pasando factura, empezaron a temblarle los brazos. Cayó desplomado sobre la colchoneta.
-Pero bueno, Albert, ¿se puede saber qué te pasa?- le preguntó extrañado el profesor.
-Creo que me he lesionado.
-Anda ve a la enfermería a ver qué pueden hacer por ti-le dijo Félix un tanto incrédulo.
Albert se ahorró ir a la enfermería, al fin y al cabo sabía que lo que la pasaba era que la noche anterior había bebido demasiado. Empezó a arrepentirse de esto. Llegó el recreo. Por fin vería a su novia. Era lo único que le consolaba de aquel día tan espantoso. Se fue al rincón donde quedaban siempre; esperó durante largo rato pero su novia no aparecía. Impaciente decidió ir a buscarla. Por fin la encontró en la cafetería.
-¡Claudia!- fue a darle un beso pero ésta le recibió con una bofetada.
Todos los chicos que se encontraban presentes empezaron a cuchichear y a soltar risitas. Les miraban sin quitarles ojo, no querían perderse ningún detalle.
Claudia salió corriendo y medio llorando por la puerta de atrás.
-¡Joder!-gritó Albert sin comprender absolutamente nada-¿Se puede saber qué os pasa hoy a todos?
-¡Estás hecho un crack!-saltó Alex, el chulito de turno-¡Venga, mejor cuéntanos tú lo bien que te lo pasaste ayer con Nuria!-soltó una carcajada.
-¿Con...con Nuria?-preguntó palideciendo ligeramente.
-Sí, hombre, esa rubia que está tan buena, venga no me digas que no te acuerdas...
-Sí, sí-respondió haciendo como que controlaba la situación-pero...¿qué fue lo que pasó exactamente?
-Resumiendo...¡que te la tiraste!-respondió una amiga de su novia- es que ya te vale...encima delante de Claudia, vamos a mí se me caería la cara de vergüenza. La verdad es que tuviste suerte; me llegas a hacer eso a mí y yo no te pego una patada, yo te rompo la cara, ¡por imbécil!- Albert comprendió repentinamente cómo se había hecho el moratón.
-Bah Albert, tú ni caso; dí que sí, que en la variedad está el gusto- le animó Alex reafirmando su papel de chulito.
Pero Albert no era, ni pensaba como él. Lo peor es que no se acordaba de nada, ni siquiera de esa tal Nuria.
Estaba avergonzado. Se sentía defraudado consigo mismo por haber engañado a su novia. Se juró y perjuró que jamás volvería a beber.
-Vaya día-pensó-,me voy a casa antes de que ocurra una catástrofe.
Una vez allí, reflexionó sobre todo lo ocurrido: no sólo había suspendido química y gimnasia, sino que además había fallado a su novia, la persona que más quería en el mundo, y lo peor de todo es que la conocía demasiado bien para saber que jamás se lo perdonaría. Por una vez, sintió ganas de llorar.