Alcánzame la bolsa, haz el favor, que tengo ahí la crema.
-Yo te la busco -dijo él.
-No; no me curiosees -lo cogía por un brazo-. Dame esa bolsa, Tito.
-Me divierte fisgar. ¿Tienes secretos, Luci?
-y dicho esto Tito se llevó un buen capón.
¿Qué, ya estas contento?-ay, jolines, no hay derecho-estate quieto o nos vamos a casa rapidito.
A si estaban de día de noche. Luci era una madre soltera que tenía que soportar al pesado de su hijo, que nunca se portaba bien. Recordaba con cierta apatía los momentos que le había ocasionado el pequeño diablillo. Cómo una vez que decidió que sería buena idea meter al gato en el microondas porque hacía frío, o la vez que prendió fuego a la casa de sus vecinos con mechero diciendo que es que un duende le había dicho que lo hiciera. estaba ya harta, a si que decidió llamar a "supernany" para que le ayudara. Pero la dijeron que no les apetecía irse hasta Málaga solo por que un niño quemará una cosa o dos.
así pues se quedo con el problema.
CONTINUARA(si se me ocurre algo)
A, 30 de abril: Caballo de los sueños.
B, 7 de mayo: La noche del soldado.
A, 14 de mayo: La calle destruida.
B, 21 de mayo: Melancolía en las familias.
A, 28 de mayo: -Son cosas que pasan el día antes.
B, 7 de mayo: La noche del soldado.
A, 14 de mayo: La calle destruida.
B, 21 de mayo: Melancolía en las familias.
A, 28 de mayo: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.
B, 4 de junio: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.
jueves, 3 de diciembre de 2009
TIEMPO
Volodos miró fijamente a la imagen, se dio cuenta de que ya no era aquel niño pequeño, se quedo pensativo. Vio como su vida pasa por sus ojos, nunca se paró a pensar en lo que se había convertido. Cuántas vidas perdidas por su culpa, pero ya era demasiado tarde. Salió de la habitación y se cruzó con su jefe, se miraron detenidamente y cada uno siguió su camino. Salió a la calle y se puso a recordar. Media hora después se fue a casa.
El día siguiente se decidió, iba dejar su trabajo y a empezar a trabajar en una ONG para compensar el daño que había hecho, ya lo había decidido, iba ir directo a su jefe y a decírselo. Pero al llegar su jefe le dijo:"volodos tengo una nueva misión para ti y espero que no me falles si no ya sabes lo que te pasará; y de repente se le olvidó de un plumazo lo que le iba a decir, a si que decidió que haría la misión y luego se retiraría. Y llegó a Madrid, donde había quedado con su compañero. Se encontraron a la puerta del congreso de los diputados, Volodos quería saber cuál era el plan, pero se le negó la información. Le dijeron que entrara mientras le daban una pistola, se puso muy nervioso, no sabía de qué iba, el solo se metió ahí porque le habían dicho que tenía que salvar a euskadi, y se negó a continuar, pero era demasiado tarde: había comenzado un tiroteo con los guardias e iban perdiendo; en un último por hacer algo bueno empezó a disparar a sus compañeros. El resultado final fue una derrota innegable que resultó con Volodos muerto.
MORALEJA: no te metas en ETA
El día siguiente se decidió, iba dejar su trabajo y a empezar a trabajar en una ONG para compensar el daño que había hecho, ya lo había decidido, iba ir directo a su jefe y a decírselo. Pero al llegar su jefe le dijo:"volodos tengo una nueva misión para ti y espero que no me falles si no ya sabes lo que te pasará; y de repente se le olvidó de un plumazo lo que le iba a decir, a si que decidió que haría la misión y luego se retiraría. Y llegó a Madrid, donde había quedado con su compañero. Se encontraron a la puerta del congreso de los diputados, Volodos quería saber cuál era el plan, pero se le negó la información. Le dijeron que entrara mientras le daban una pistola, se puso muy nervioso, no sabía de qué iba, el solo se metió ahí porque le habían dicho que tenía que salvar a euskadi, y se negó a continuar, pero era demasiado tarde: había comenzado un tiroteo con los guardias e iban perdiendo; en un último por hacer algo bueno empezó a disparar a sus compañeros. El resultado final fue una derrota innegable que resultó con Volodos muerto.
MORALEJA: no te metas en ETA
martes, 1 de diciembre de 2009
EL TIEMPO
El tiempo se detuvo. El tiempo avanzó tan deprisa que adelantó a la luz de tus ojos. El tiempo se hizo tan eterno, durante aquel segundo, que hasta dolía. El tiempo sacó a luz la verdad de la naturaleza, e hizo que tus manos se alejaran de las mías. Si alguna vez hubiera deseado algo, no habría parecido nada comparado con el deseo de poder jugar con el tiempo. Retroceder y vivir de nuevo. Una sola vida no es suficiente, no para nosotros. A nuestro amor aún le quedan tantas cosas por vivir. Y mientras lloro, solo puedo intentar no mirarte. Tumbado y frío. Sin aliento y sin voluntad. Después solo un hueco en la tierra, y otro en mi corazón. Luego gente. Todos en fila, todos de negro, todos se acercan a mí y después se alejan. Me dan la mano, un fuerte apretón, como quien quiere transmitir calor y protección. Como si fuera posible que una de sus cálidas manos, llegara a derretir el hielo que se apoderaba de mi corazón. Como si alguna, tuviera el secreto del tiempo, que intenta darme, pero se resiste a caer. Como si por esas manos, él fuese a volver, el tiempo a retroceder hasta el día en que te vi por primera vez. Si un solo roce pudiera devolverme un beso tuyo, me aferraría al tacto humano. Solo por un segundo más. Porque ahora lo sé. Ahora el tiempo es mío, solo mío y de nadie más. Y ahora sí, podemos pararlo en el justo instante en que te aproximes a mí. Ni demasiado cerca ni demasiado lejos. Lo justo para poder rozarte, para poder sentir tu cálido aliento, lo único que podría dar calor a mi alma. Y ahora todos se van. Un recuerdo más de mi soledad, de mi falta. Y lloro de nuevo y esta vez es de rabia, de odio, de impotencia. ¿Dónde estás tiempo? ¿Dónde estás, que te acabas y apenas te despides? Y mientras los dueños de esas manos, que parecían tan dolidas, vuelven a su vida y salen de ese disfraz de amargura que solo es cierto en mí. Yo, la única que te ha amado de verdad. La única que te añora y tiene un hueco en el corazón.
Mi casa. Nuestra casa. Vacía. La soledad en la cama y las luces apagadas, en tu memoria, esta noche, no lucirán. Permanecerán apagadas, casi tan oscura la habitación, como ese hueco, el de mi corazón y mi alma. Y aún huele a ti la almohada. Y pido al tiempo que vuelvas, que esa noche sin luna que llega, no me devuelva jamás al día. Que me guarde en su lecho, en nuestro lecho. El mejor sitio para dormir toda la eternidad. Y le pido, que al menos no se lleve tu aroma, que me lo deje intacto, para cuando en la duermevela crea que aún estás aquí. Por favor, tiempo. Solo ese pequeño oasis de tranquilidad, solo ese olor, y esa canción en el tocadiscos. Que mientras suene, yo bailaré con la sombra de nuestros destinos y dejaré que me arrastre, bailando eternamente nuestra canción, dormida, con el tiempo agotado, con el corazón lleno de mi amor, nuestro amor interminable. Incapaces de olvidarlo ni siquiera en el sueño eterno. Por mucho que el tiempo se empeñe. domingo, 29 de noviembre de 2009
PASADO

Aquella primavera había llegado adelantada y espléndida. Quizá la felicidad que abundaba en mi vida en aquellos momentos, ayudó a que los árboles en flor, pareciesen aún más bellos que las otras primaveras. Si no hubiera sido por ese pequeño miedo que guardaba en secreto en mi interior, mi todo habría sido completamente perfecto. Henry, había comenzado a salir con una chica del otro curso, Eva. Era bastante simpática y parecía que le hacía olvidar todo lo que pasó entre nosotros. Hannah, aún suspiraba por las esquinas, soñando con el día en que se atrevería a acercarse a Fede y decirle lo que pensaba. Es probable que incluso, esos suspiros, hubieran aumentado con la llegada de la primavera. Aunque, por supuesto, a mi, me daba ganas de vomitar, con solo imaginarme juntos a Hannah y Fede, pero eso no era asunto mío. Además, todo mi tiempo, lo dedicaba a pensar en otro tipo de cosas, sobre todo en una cosa en particular, mi milagro personal: Víctor. Claro que, ese pequeño asunto que me preocupaba, también tenía que ver con él. Cuando aquella tarde le enseñé la foto que había encontrado y él me contó el principio de lo que parecía un secreto muy bien guardado durante años, no había conseguido sacarme ese estúpido presentimiento de la cabeza. Ayer, decidí investigar por mi cuenta. Subí por la ventana y me colé en la sala azul. No sé cuánto tiempo estuve allí, pero finalmente, tras mirar en todos los cajones y rincones que se me ocurrieron, me senté en la cama. Y, al bajar la mirada, allí estaba. Lo que había estado buscando, una pista, algo que me dijese que lo que llevaba rondando por mi mente, era cierto o, en el mejor de los casos, fuese un simple fruto de mi imaginación. Y allí estaba, su nombre, bordado en la colcha. “Carolina Hades”.Carolina. Ese era su nombre. Oí sus palabras en mi mente, claras, precisas. “Se llamaba Carolina. Es decir, se llama Carolina. Aún está viva...” Hice unos cálculos rápidos. Esa foto era de hace sesenta años, por lo que Carolina, tendría ahora unos setenta y cinco años. Todo encajaba. Era ella estaba segura. Y aunque creí que tener esa certeza me ayudaría a resolver mi comedero de cabeza, solo lo empeoró.
Esa es la razón por la que esta mañana, me he presentado en la puerta de su casa. Aproveché que Henry y Hannah tenían otros planes, que mis primos no iban a venir esa tarde y que Víctor estaba ocupado con algún asunto que no había querido contarme, para intentar aclarar todo aquello. Me abrió tranquila y no se sorprendió en absoluto de verme allí, pero tampoco dijo nada. Así que, decidí hablar yo:
- Sabes que no voy a dejar de intentar descubrir qué es lo que ocultas en tu casa...
- Sí, y tú sabes que yo no voy a dejar de intentar impedírtelo...
- Sí, pero ahora, necesito una tregua. Necesito hablar contigo.
Asintió y me dejó pasar dentro. Me acompañó al salón y yo no pude dejar de mirarla. Intentaba imaginármela como la chica de la foto, joven y sonriente. No pude. Era incapaz de ver más allá de esa cara que tantas veces había temido en la oscuridad de una de las “habitaciones prohibidas”. De esos ojos llenos de dolor y de odio. Para mí, ella siempre sería H, nunca Carolina. O eso creía. Pero entonces, nos sentamos a la mesa y H se sentó justo delante de mí.
- Es por Víctor, ¿verdad?
Y algo pasó por sus ojos al pronunciar su nombre. Fue solo un instante pero, de repente, lo vi claro. Vi a esa chica, tan parecida a mí, ahí sentada. Sin ningún lugar a dudas, lo supe. No entendí cómo no me había dado cuenta antes. No supe si sonreír o echarme a llorar.
- Sí, es por él. Encontré... una foto.
- ¿Nuestra?
Asentí.
- Sí. –dijo. –Fueron buenos tiempos. Pero eso acabó hace ya muchos años. De todas formas, nunca te creas lo que dicen, el tiempo no te hace olvidar. En mi caso al menos, no lo ha conseguido.
- ¿Qué...? –no me atrevía a preguntar lo que quería. Había tantas cosas que quería saber. Decidí empezar por el principio. -¿Qué pasó?
- Es una larga historia.
- Tengo tiempo.
- Está bien... –suspiró. –Todo empezó hace aproximadamente sesenta años. Yo vivía aquí con mi familia, que no pasaba por buenos tiempos. Conocí a Víctor en un... viaje, por llamarlo de alguna manera. No se por qué, pero en cuanto le vi, supe que jamás podría olvidarme de él. Por aquel entonces, yo todavía era una niña tonta que creía que la vida guardaba muchas sorpresas para mí. Los días siguientes, comencé a observarle de lejos, sin que él se diera cuenta. Al menos eso era lo que yo creía, pero Víctor, siempre se da cuenta de todo. Así que una tarde comenzamos a hablar. No conseguía sacarme sus ojos de mi cabeza. Era como una especie de hipnotismo. Lo que había entre nosotros dos, no era normal. Era algo raro. Algo especial y único. Supongo que tú entenderás a lo que me refiero. Ni siquiera en los libros había visto jamás una relación como la nuestra. Pero, yo no le conocía. No sabía nada de su vida. Todo era un completo secreto que me estaba prohibido conocer. Nadie sabía nada de él. Parecía haber surgido de la nada, un príncipe azul que se había materializado para mí justo en ese momento.
Solíamos pasear por el campo durante horas y horas, a veces, bailábamos entre las flores, reíamos bajo la sombra de los árboles y algunos días, íbamos más allá de las colinas, hasta las playas del norte a correr con las olas y buscar estrellas de mar. Todo en aquel mundo que había creado, aquella vida que parecía perfecta, sin deberes, sin prohibiciones, sin preocupaciones. Pero la vida nunca es así, nunca es perfecta. Por eso, lo nuestro era imposible. Quiero decir, el día en que cumplí dieciséis años, me lo contó todo. No sabía cómo podía ser cierto. Pero le creí. ¿Cómo no iba a creerle? Fue en ese momento, cuando se comenzó a derrumbar todo mi mundo. Tenía doscientos veinticinco años, y aparentaba apenas quince. Crecía un año, por cada quince que pasaban. Eso es lo que él era. No era humano. No era como yo. Y supe que no podíamos seguir así. Obviamente, él jamás creyó que su condición, fuese un impedimento para nosotros. Pero yo no podía... no podía obligarle a soportarme toda una vida. A estar a mi lado, a dejarle ver como yo envejecía cada día. Le has visto ahora, aparenta diecinueve y yo, setenta y cinco. Parezco su abuela. Es horrible, ver cómo me mira, con qué fragilidad me trata. Por eso corté toda relación con él, hasta el año pasado. Supe que no podría mantenerte lejos de mi casa yo sola, y solo se me ocurrió pedirle ayuda a él. Además, necesitaba verle una vez más. Solo que, no imaginé, que tú y él... ya sabes... No te culpo ni nada, es solo que, no me gustaría que acabases como yo. Después de darle la libertad y casi obligarle a marcharse, intenté volver a encontrar esa sensación que me provocaba cuando estaba cerca, intenté enamorarme de nuevo. Pero el amor ya no era bastante, no después de haber tenido “eso” y haberlo perdido. Muchas fueron las ocasiones en que pensé llamarle. Decirle que había cometido un error. Pero... no pude. ¿No lo entiendes? Lo entendía. Era ese seguramente, el dolor que había eclipsado siempre su mirada. El que le había hecho envejecer sola, viviendo de los recuerdos de tiempos mejores. Había muchas cosas extrañas en la historia que había contado. Demasiadas preguntas sin respuesta. Tuve miedo. Su historia, era tan parecida a la mía con Víctor, que casi me asustó. Parecía una versión de mi vida. Solo recé para no terminar igual que H, que Carolina. Entonces ella, continuó:
- De todas formas, no fue eso lo único que hizo que mi vida quedara destrozada. Todo lo que ocurrió, fue culpa mía. Jamás debí empezar con aquello...- ¿Qué quieres decir?
- Bueno, eso es otra historia.
Parecía realmente perdida en sus recuerdos. Debía haber tenido una vida más dura de lo que creía. Aún tenía una pregunta que hacerle. Una muy importante.
- Entonces Víctor, ¿qué es?
Entonces un gran ruido nos llegó desde el pasillo. Como si hubiese un huracán dentro de la casa y una honda se expandió por el aire, agitándolo y dejando una extraña sensación en la sala, como una ondulación del espacio, una pequeña dilatación y retracción de las paredes. Algo que me parecía haber sentido otras veces, pero de manera más lejana y difusa. Repentinamente, Víctor apareció en la puerta.
- ¿De dónde vienes? –pregunté.
H y Víctor se miraron. La duda asomó en sus ojos.
- De ningún sitio...
- Claro, y yo nací ayer.
Le miré con el ceño fruncido, pero la seriedad de su mirada oscura, me hizo callarme y sentirme inoportuna. Miró a H.
- Nada.
- ¿Nada?
- Sí, nada.
- No parece nada.
Solté una pequeña risa. No pude evitarlo. Su conversación era tan infantil y absurda. Los dos me miraron como si me hubiera vuelto loca, como si me hubiera reído en un funeral o algo así. Así que bajé la mirada y me callé.
- Te dije que no...
- ¡No le estaba haciendo nada!
Decidí intervenir:
- Yo solo he venido a hablar de...
- ¡Calla! –me dijo H.
- ¡Déjala que hable!
- Yo creo que me marcho. –dije.
- No, quédate, por favor. –miré a Víctor.
- Mejor me voy.
- No en serio...
Negué con la cabeza. Entonces miré a H. A la que había sido Carolina en otros tiempos. Una flor marchita por el tiempo pasado recordando, sin vivir, sin amar de nuevo de verdad. Pero ahora, ya no era esa chica de la sonrisa con hoyuelos.- La tregua ha terminado. –le dije.
Y aún pude echar otro vistazo al fondo de esos ojos, aún pude ver un atisbo de aquella otra vida, de aquella chica, antes de salir de la habitación con un suspiro contenido y muchas preguntas aún en la cabeza, que tendrían que esperar.
sábado, 28 de noviembre de 2009
A buscar níscalos.

Es Sábado. Me levanto de la cama y lo primero que me dice mi madre es, que a las doce nos vamos a ir al pinar a buscar níscalos.
El caso es que el día siguiente tengo un exámen de Ciencias Naturales y tengo que estudiar, por que aunque haya estudiado, no me lo se bien todavía y también quiero al bosque.
Primero voy a desayunar por que son las once y todavía no me he vestido. Mi madre me dice que si que puedo ir a buscarlos con ellos pero que me tenía que llevar el libro para estudiar por el camino.
Entonces hago eso, me cojo el libro y me lo voy mirando por el bosque. Entre unas cosas y otras me sirvió de poco, ya que estaba más pendiente de todo menos del libro.
Entonces empezó a llover y tuvimos que salir corriendo para llegar al coche.
¿nos vamos a casa? le dije a mi madre, pero ella dijo, -no,vamos a ver al abuelo.
Cogimos el coche y fuimos a casa de mi tía Conchi a ver a mi abuelo, que según decía mi padre estaba malo por no sequé.
Después nos fuimos a comer.
Mi madre hizo unos níscalos y entre mi padre y ella se los comieron.

Mi hermana y yo teníamos de comer canelones pero como a mi hermana no la gusta nada de nada, mi madre la tuvo que hacerla unos espaguetis que sobraron de ayer.
Por la tarde ya no llueve así que mi madre dice que se van ellos otra vez a buscar níscalos, pero esta vez digo yo que no quería ir, que tenía que estudiar.
Mi madre me dijo que vale, que eso es lo que tengo que hacer.
A las seis de la tarde llegan a casa con una cesta hasta arriba de níscalos y les digo, -pero bueno ¿donde habéis estado?
Me dijeron que habían ido en dirección a Candeleda y que había un montón de ellos.
Me dio una rabia... ya que ami me encantaba coger muchos e ir por esa zona.
Pero en fin, tenía que estudiar, esa es la vida de un estudiante.
viernes, 27 de noviembre de 2009
un día tormentoso

¡Rápido chicas tenemos que salir de aquí antes de que anochezca!¡Estamos perdidas!¡No tenemos nada que hacer!
5 horas antes...
¡Hola Mónica, soy Claudia, cuando veas el mensaje llámame. Pi....Pi....Pi...
Bueno para todos los que no me conozcan, soy Claudia, de Lanzarote aunque estos tres últimos años estoy viviendo en un pueblecito de la península, llamado "Navalcán". Os preguntareis qué hago aquí, pues bien, mis padres tienen una empresa de seguros, llamada "LÁNZATE EN LANZAROTE", en la isla no tenía mucha salida por lo que vinimos a la península, aquí la empresa ya no se llama "Lánzate en Lanzarote" sino "Lánzate en Navalcán".
Me gusta este pueblo pero echo de menos la playa, el buen tiempo, los amigos...
Aquí en el colegio he conocido a muchas chicas muy majas, con las que estoy todo el día. Hoy acabo de llamar a Mónica pero no contesta... ¡¡¡¡RING!!!!!,¡¡¡RING!!!!
-Hola Moni, ¿qué tal? te llamo para decir que que Celia, Susana y yo vamos a ir a la cueva del gran oso, ¿te quieres venir?-Vale, ¿a qué hora?- a las 4 de la tarde, en la plaza del castillo.
-vale, hasta luego.
A las 3 de la tarde...
Que día más malo se está poniendo, no creo que podamos ir, seguro que llueve aunque yo soy muy mala para esto, siempre fallo con mis predicciones.
Después de 1 hora....
Parece que el cielo se ha despejado, bien podremos ir, huy que tarde quedan 5 minutos para las 4.
-Hola chicas, nos vamos, creo que el tiempo ha mejorado.
-si vámonos ya, estamos todas.
(LAS CHICAS ESTUVIERON CAMINANDO DURANTE UNA HORA CON DIRECCIÓN A CANDELEDA)
-hemos llegado, esta es la cueva del gran oso.-y ¿dónde está la cueva?.-no hay cueva, se llama así porque hace mucho tiempo un hombre se perdió en esta zona y cuando le encontraron dijo que había estado en una cueva con un gran oso, pero esa cueva nunca se llegó a encontrar.
-¿Merendamos, aquí?-vale, como queráis.
(ESTUVIERON MERENDANDO, DESPUÉS DE MEDIA HORA EMPEZÓ A CHISPEAR)
-Creo que vamos a tener que irnos ya.-¿eh? por unas gotitas no nos vamos a ir, podemos ir debajo de un árbol.
(FUERON A UN ÁRBOL QUE SE ENCONTRABA CERCA, LA TORMENTA EMPEZÓ A AUMENTAR Y COMENZÓ A ANOCHECER, NO ESTABAN SEGURAS BAJO UN ÁRBOL Y BUSCARON BAJO LA LLUVIA UN LUGAR PARA REFUGIARSE. ESTABAN TEMBLANDO DE FRÍO DE REPENTE...)
-Ei chicas, mirad una cueva, ¿no será la cueva del gran oso verdad?-no lo sé pero deberíamos entrar.
(ENTRARON EN LA CUEVA, NO HABÍA NADA EXTRAÑO O POR LO MENOS NO LO APRECIARON EN LA OSCURIDAD AUNQUE SE OÍAN RUIDOS UN POCO EXTRAÑOS,
DESPUÉS DE 1H Y MEDIA TERMINÓ LA TORMENTA Y CON LINTERNAS QUE TENÍAN EN LAS MOCHILAS SALIERON DEL BOSQUE. TODOS ESTABAN MUY PREOCUPADOS POR ELLAS PERO AL FINAL COMO LA HISTORIA DE LA CUEVA DEL GRAN OSO TUBO UN FINAL FELIZ.)
miércoles, 25 de noviembre de 2009
DOS PEQEÑOS RELATOS:NOCHES DE VERANO Y PRECIOSA MONTAÑA

NOCHES DE VERANO
¿Te acuerdas de aquellas noches de verano?. Aquellas en las que el tiempo se detenía cuando tus ojos miraban a los míos . O esas en los que tú me regalabas una cálida sonrisa y mi boca por embrujamiento tuyo te la devolvía. Incluso esas que tu boca se acercaban lentamente al compás de la brisa del mar , y rozaba mis tiernos labios , que hacía que me robases un pedazo de mi corazón. Quizás aquellas en las los dos nos sentábamos a la orilla del mar y tú me abrazabas fuertemente contra tu pecho.
Pero eso qué más da. Dentro de poco todo habrá acabado. Cada uno se ira a su pueblo. Ya no tendré que engañar a mis padres para estar contigo a solas, ni nos volveremos a esconder entre las palmeras de la piscina.
¿No te parece escalofriante después de haber pasado todo esto pensar que nunca nos volveremos a ver?. Quizás el año que viene si volvemos, no veremos, pero ya no será lo mismo. Jamás lo volverá a ser. A lo mejor encontraremos a alguna otra persona especial , pero juro ante Dios que con nadie podré sentir lo que contigo sentí.
TARDE INFINITA
Los pies me dolían de llevar aquellas incómodas raquetas. Sentía que tenía todo el cuerpo congelado pero a la vez estaba sudando. Todo estaba cubierto por un manto blanco de nieve y en la cumbre ni siquiera se podía distinguir su forma original debido a la acumulación de nieve.
Víctor me había adelantado unos cuantos kilómetros. No había nadie por allí y el sol se estaba empezando a poner.
De repente vi a mis espaldas una gran masa de nieve que venía hacia mí. Me quedé paralizada , mis piernas no respondían. Al instante caí al suelo y,y.....,y......, no recuerdo que pasó. Tan solo recuerdo que estaba enterrada en la nieve. Mis piernas estaban hinchadas , no las podía mover. En las manos sentía pinchazos incesables. No sabía que podía hacer.
Pasaron horas y horas. Toda posible esperanza que tuviese se había desvanecido. Pero unos minutos después escuché a alguien llamándome. Intenté gritar con todas mis fuerzas pero no conseguí nada, había perdido la voz. Aún así escuché una tenue voz que me decía- ¡aguanta te sacaremos de ahí!.
Estaba muy débil, sabía que si cerraba los ojos moriría, pero los párpados se me caían constantemente. Aquello era eterno, pero sabía que todo había pasado, me habían conseguido encontrar.
Las horas siguieron pasando y ya no aguantaba más, aún así puse fuerza de voluntad e intenté seguir con los párpados abiertos. Pasó un minuto, dos ,tres , cuatro,... . Los párpados se me empezaron a cerrar. Tardaron minutos pero al final el párpado inferior tomó contacto con el móvil.
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