A, 30 de abril: Caballo de los sueños.
B, 7 de mayo: La noche del soldado.
A, 14 de mayo: La calle destruida.
B, 21 de mayo:
Melancolía en las familias.
A, 28 de mayo: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.
B, 4 de junio: -Son cosas que pasan el día antes.
-¿El día antes de qué?
-El día antes de la felicidad.

viernes, 30 de octubre de 2009

ZAS, en toda la... nalga


Era un domingo del mes de agosto.
Estábamos subidos mis primos y yo en un canchal que está justo delante de la casa de mi abuela.
En el pueblo de mi madre no somos los más queridos, tenemos un grupo pequeño de amigos y poco más. Estamos haciendo planes de hacer un peña llamada "Los no vendidos", pero de momento estamos en trámites. A lo que iba, teníamos una casa que estaba en frente nuestra, justo donde vive uno de los chicos con el que peor nos llevamos. Él estaba con sus amigos. Empezaron a vacilarnos, y nosotros pasamos de ellos, ya que no queríamos meternos en peleas.
Comenzaron a tirarnos piedras y cubos de agua, pero no nos daban, en ese momento dijimos que eso era la guerra.
Mi primo Emilio y yo teníamos algo para atacarlos a ellos, pero no queríamos utilizarlo, ya que los podíamos hacer daño, ya ves lo que nos importaba a nosotros, pero de momento no era necesario.
Seguimos dándoles un poco de mecha y picarlos un poquito, ya que queríamos que saliesen de la casa para que se enfrentaran a nosotros.
De repente, vemos que se acerca uno de ellos con un cubo de agua para tirarnosle, y salimos corriendo, yo tenía una de las armas de la mochila en mi bolsillo, y nada más que vino me puse a pegarle tiros con la pistola de bolas.
Él salió corriendo como un poseso y nosotros nos pusimos a reír.
En la mochila teníamos cuatro pistolas de bolas y un rifle-ametralladora de bolas. Dos de las pistolas eran mías y el rifle y las otras dos eran de Emilio. Seguidamente salió otro con un patinete, pero no lo disparamos, ya que no teníamos bolas en el cargador.
Lo peor es que nos vio mi padre como le disparábamos, ya que no di un tiro, sino que vacié el cargador en tres segundos. El chico se fue corriendo casi llorando y con la mano en el trasero, con cara de dolor. Mi padre me dijo un día: "Te dejo que utilices, pero nunca contra una persona".
Entonces me la quitó y me dijo: "Pero mira que te lo dije".

Luego nos fuimos al campo con mi padre y los de la "peña". Estuvimos una hora hablando y dando vueltas entre los árboles.
Cuando volvimos, nos preparamos para irnos, ya que eran los ocho de la tarde e iba a empezar a hacerse tarde. Recogimos las maletas, nos despedimos de mi abuelo y nos fuimos.
Según entramos en el coche, me pareció ver como ellos estaban haciendo un arma bastante bestia, era como una catapulta que lanzaba una cosa naranja.
No se si estaba alucinando o es que lo soñé pero eso es lo que vi.
Espero que el próximo día que vallamos no nos estén esperando con eso.



¡Carrerón!

Ya estamos aquí, tras un largo y pesado viaje llegamos a Torrejón de Ardoz, bueno al circuito de karting que está a las afueras de Torrejón. Estiramos las piernas, ya que habíamos ido todo el camino sin parar. Paco y yo bajamos de la furgoneta el kart. Mientras que Fran(el piloto) se prepara, nosotros ponemos a punto el kart. Ya esta todo preparado para salir a entrenar. Fran se pone el casco y sale a pista. Al cabo de dos vueltas sale de pista no muy contento. Está enfadado porque al día siguiente es la carrera y el kart no funciona como tiene que hacerlo. Revisamos casi todos los componentes, nos damos cuenta de que la bujía no funciona bien. Cambiamos la bujía y todo va perfecto. Estamos comiendo y Fran nos dice: ¡Mira que os lo dije! esa bujía no me gustaba. Con el estómago lleno lo único que se puede hacer es dormir, pero nosotros no podemos dormir. Después de una tarde calurosa de largas pruebas al kart, nos vamos a descansar. Nos despierta Paco a las seis de la mañana, cantando "quinto levanta".Todos estamos nerviosos, son los entrenamientos libres, Fran nos dice que el kart va perfecto. Damos los últimos retoques al kart para la clasificación. Tras hacer el mejor tiempo de la parrilla, nuestro piloto Fran, hace la pole(salir en primer puesto). Estamos en la linea de meta y los motores empiezan a rugir, después de realizar una salida espectacular, Fran aguanta en primera posición durante unas interminables veinticinco vueltas. Con el banderillazo final, Fran acaba en primer puesto. En unas hora tendrá lugar la entrega de premios, todos estamos esperando ese momento tan deseado. Por fin, Fran tiene que subir a lo mas alto del podium.

jueves, 29 de octubre de 2009

Jajaja.
La canción está bien, pero se parece a la de los Sims...
Oye el comentario se hace aquí o en nuestro blog

lunes, 26 de octubre de 2009

Mate: "Normal"



Os invito a escuchar una canción pinchando aquí y a que pongáis un comentario sobre su letra (y sobre la música también, si queréis, claro). El mejor comentario tendrá premio.

domingo, 25 de octubre de 2009

Un final feliz

“Mira que te lo tengo dicho, no vuelvas a coger nada del suelo”. Ésta fue la última frase que le dijo a su perra, cuando empezó a correr sin parar y se soltó de la correa. Era una perra grande de pelo corto, marrón claro, que tenía unos dos años, se llamaba Perla. Su dueña se llamaba Nuria, tenía diez años, el pelo rubio y los ojos verdes azulones. Nuria empezó a correr detrás de ella pero Perla corría demasiado y no la pudo alcanzar. Estaban al lado de su casa, en un jardín y a la perra ya no se la veía. Ella muy asustada y llorando se dirigió a su casa. Allí estaban sus padres y su hermanito, de cinco años. La preguntaron por Perla y ella se puso a llorar más aún y dijo que se la había escapado. Sus padres la dijeron que no pasaba nada que la buscarían entre todos. Para toda la familia Perla era muy importante porque desde que nació había estado en casa con ellos y la tenían un cariño muy especial. Los padres pusieron carteles por el barrio y se lo dijeron a la perrera municipal por si la habían visto. Pero nadie sabía nada de ella. Pasaron tres días y la niña muy triste se bajo al jardín que había cerca de su casa y de repente oyó ladrar a unos cachorritos, se quedó muy callada para ver de dónde venía el sonido. Vio que venía de unos cartones que había al lado de un árbol. Fue corriendo y allí estaba Perla con cuatro cachorros. La perra se puso muy contenta y se subió encima de Nuria. La niña estaba muy feliz y fue corriendo a decírselo a sus padres. Cogieron a Perla y a sus cuatro cachorros y se los llevaron a su casa. Allí los lavaron porque estaban sucios de la calle. Los padres veían que ella estaba muy ilusionada con los cachorros pero sabían que no se los podían quedar en casa. Así que tenían que pensar como decírselo. Pasaron los días y se lo dijeron, ella se puso muy triste porque los había cogido demasiado cariño. Buscó una forma para no separarse de ellos. Sus amigos y ella pusieron carteles de los cachorros poniendo sus fotos y el número de teléfono. Mucha gente les llamó y los niños iban a las casas para ver en qué familia les dejaban, y así asegurarse de que iban a estar bien. Todos los perritos fueron acogidos por gente del barrio. Y casi todas las tardes los perritos salían a pasear con sus dueños y se encontraban con su madre. Nuria se sintió muy orgullosa de que esos cuatro dueños pudieran disfrutar tanto como ella disfrutaba con su perrita Perla.

Capítulo especial de "Halloween"

Era una mañana de enero, el día de los Reyes Magos, y Pablo era un niño que como todos los demás estaba radiante de emoción y felicidad. Pero la familia de Pablo era una familia muy humilde, tan humilde que por no tener no tenían ni intemperie. Así que parecía que una vez más los padres de Pablo iban a tener que decirle que lo que pasaba era que se había portado mal para justificar la ausencia de regalos y no quitarle la ilusión. El padre era partidario de que iba siendo mayorcito y de que ya era hora de decirle que ellos eran los reyes magos o al menos si tuvieran más dinero: "Carmen, no crees que ya va siendo hora de decirle a Pablo que los reyes magos no existen, porque como siga así, se va a llevar un chasco cuando vea que a sus hijos tampoco les traen nada, lo que quiero decir es que ya tiene 17 años jopetas, es que es tonto o subnormal". A todo esto le dio tiempo a Pablo a entrar en el salón y oír el final de la conversación, pero como tenía menos luces que su propio árbol de navidad pensó que estaban hablando de otro Pablo que él no conocía a pesar de que tenía los mismos años que él. Pablo no obstante no solo era tonto, también era un patoso desastroso, cada vez que intentaba correr se tropezaba, y además siempre estaba deprimido porque los reyes nunca le traían nada. Desolado y desesperado decidió marchar al polo norte para descubrir las razones de la falta de regalos, y así de una vez por todas poner orden en su vida. Lo primero era hacer las maletas, que como mudas solo tenía una y maletas ninguna, no fue difícil; lo siguiente era ponerse en marcha, y como era de suponer, nadie le detuvo, ni siquiera sus padres lo cual sí le suponía un poco extraño, pero pensó que lo que pasaba era que sus padres sabían lo importante que era para él. Puesto en marcha, se puso a caminar indefinidamente por las estepas españolas, hasta que se dio cuenta que no sabía a donde iba, así que paró a un señor que olía a vino con "brandy" y que con un cinturón sacado del cable de un teléfono se sujetaba los pantalones sobre las costillas. Le preguntó por donde se iba al norte, a lo que le respondió que eso dependía de en que hemisferio estuvieras. Le dio las gracias de forma sarcástica, y siguió la carretera hasta llegar a un pueblo de la Mancha cuyo nombre era la Solana y al meterse en un bar a pedir algo de sustento vio al mismo hombre estrambótico que vio anteriormente y le fue a saludar y a pedirle algo de dinero para comer. El "mendigo" le exclamó que solo si era capaz de resolver una pregunta: ¿dónde está el polo norte, encima o debajo del polo sur?- señor lo único que tengo claro es que tengo hambre y de que he de ir al polo norte-sollozó Pablo- entonces necesitaras saber si vas arriba o si vas abajo ¿no?-le dijo el señor. Pablo se sentía perdido, así que salió corriendo, pero después de un rato pensó que lo más sensato sería volver y robarle el dinero al hombre borracho ya que le había dejado en ridículo. Llegó al bar y con sigilo se acercó al hombre que nada más verle le dijo que se tranquilizara, que era una pregunta trampa y que la solución depende del punto de vista. Además, dijo que aunque tenía dinero no se lo iba a prestar, porque era raro. Pablo, bastante irritado, le preguntó si se había mirado al espejo últimamente, esto no se lo tomó muy bien y le pego un puñetazo al pobre Pablo, que como patoso que era, se cayo por la ventana del local y romperse el brazo. Ya en el hospital, se encuentraba a solas con el mendigo y le preguntó ¿por qué esas ansias de llegar al polo norte?, a lo que el mendigo al oír la respuesta se ríe inevitablemente y le contesta con toda la verdad; Pablo se ve muy afectado por esto e intenta suicidarse agarrando unas tijeras y poniéndose a correr creyendo que las indicaciones de sus profesores y sus padres de no correr con tijeras es debido a que las consecuencia es la muerte; pero muy irónicamente debido a su patosidad consigue tropezar y tragarse las tijeras, lo que le mató casi de inmediato. El mendigo acude a su pueblo unos meses más tarde para comunicar la noticia, noticia que no parece importar a nadie, se contaba en los cotilleos como un suceso cotidiano y habitual. Cómo si hubieran pillado a un concejal comprándose un coche de marca o una historia sobre como eran mejor los tiempos anteriores a estos.

PD: Siento haber mentido, pero seguro que alguno al haber visto lo de Halloween se ha creído que era una historia de miedo y ha empezado ha leerlo. ¡Pero qué os tengo dicho sobre creer ciegamente en el título!

sábado, 24 de octubre de 2009

La playa

Era aquel mismo sillón, el de la casa solariega de la playa, donde nos solíamos sentar y nos contábamos historias. Me recorrió una extraña sensación de alegría y tristeza a la vez, al recordar aquel último día junto a la playa. Te sentaste en el sillón y te llevaste la mano a la frente, como preocupado. No tarde en seguirte, me senté a los pies del sillón, sabía que te estabas haciendo el duro. Pero no tardaste en sentarte a mí lado, a los pies del sillón. Me hiciste prometer que nos volveríamos a ver, en esa misma playa, que volveríamos a contarnos historias, bajo la luz de la Luna, que volveríamos a ver el atardecer, acurrucados a los pies de aquel sillón. Y yo respondí: te lo prometo. con lágrimas en los ojos. Me pasaste el brazo por los hombros y me abrazaste, enterrando tu cara en mi pelo. Estaba atardeciendo, tú acariciabas mi pelo, con aire ausente, yo cerraba los ojos y dejaba que la suave brisa del mar acariciase mi rostro, mientras deseaba que el tiempo se parase. Fue entonces cuando preguntaste: ¿En que piensas? Sonreí sin responderte, sabías perfectamente lo que pensaba.

Ahora miro el sillón, plantado en mitad de la terraza, acumulando polvo, patético y solitario, parecía burlarse de mí, tentándome a recordar lo olvidado.
El sol se estaba poniendo, y lanzaba mil destellos dorados y era un día idéntico a esos de hace 20 años. Y desde entonces te busco, para cumplir la promesa que te hice hace 20 años.